Mi mujer me quiere. Y no quiere que la toque.

Mi mujer podía vivir sin sexo. Yo no. Y me estaba matando en silencio.


Subí la mano por su muslo y ella cerró las piernas.

No dijo nada. Siguió mirando la tele.

Dejé la mano ahí 3 o 4 segundos, para que no pareciera que la retiraba, y luego la retiré.

Me levanté a por un vaso de agua que no quería.

A las 12 nos fuimos a dormir. Ella se puso de lado y me dio las buenas noches.

Y en la cama volví a hacer la cuenta.

11 meses. Ese era mi número.

No los meses sin follar. Los meses sin que empezara ella. Follar follábamos, una vez cada dos meses, siempre porque lo pedía yo.

Lo arreglé en 4 días, y todavía hoy ella no sabe que hice nada.

Sin hablarlo con ella. Sin terapia. Sin volver a pedírselo una sola vez.

Son 3 movimientos. El primero empieza en la cena de esta noche y dura 24 horas.

Y no funciona porque ella se asuste ni porque la castigues. Funciona por algo que tu mujer te ha dicho mil veces sin saber lo que te estaba diciendo.

No me pasó solo a mí.

Conozco a un hombre con 10 años de matrimonio en los que su mujer no había tomado la iniciativa ni una sola vez. Ni una. Lo sabía porque él también llevaba la cuenta.

Cambió lo que hacía él. A ella no le dijo nada.

Los primeros días no pasó nada. Ella siguió con el móvil en el sofá y él pensó que aquello era otra tontería más de internet.

El día 8 ella le preguntó, de espaldas y fregando, si le pasaba algo.

En las 4 semanas siguientes le buscó más veces que en los 10 años anteriores.

Antes de contarte cómo, tengo que quitarte una idea de la mente. Mientras la tengas ahí no te va a funcionar nada.

Esto no es culpa tuya.

No es la edad. No son los niños. Y no es que ella ya no te quiera: te quiere, y eso es exactamente lo que lo hace insoportable.

Es que hiciste lo que te pidió.

Párate en esa frase.

Todo lo que has hecho estos años se lo oíste a ella, o a una mujer, o a alguien que repetía lo que dicen las mujeres.

Sé más atento. Ayuda más en casa. Habla más las cosas. Pregúntame cómo estoy. Ten paciencia conmigo.

Y lo hiciste. Al pie de la letra y durante años.

La llevaste a cenar el viernes y a las 23:10 estaba dormida.

Aquí está lo que nadie te ha explicado. Y no te lo va a explicar ella, porque tampoco lo sabe.

Lo que una mujer te pide y lo que la enciende casi nunca son la misma cosa.

Te pide tranquilidad. Y el día que se la diste entera, dejó de mirarte.

Te pide que se lo consultes todo. Y la única vez que decidiste tú sin preguntar, se le puso otra cara.

Te pide que estés siempre disponible. Y se acuerda de ti el día que no puede localizarte.

Ella no te miente. Te está diciendo la verdad sobre lo que quiere. Pero eso no es lo que le pone.

Lo que le pone es lo que no controla. Y a ti te controla del todo.

Y tú le hiciste caso durante años.

Ese es todo el problema. Fuiste obediente.

Y funcionó, no creas que no. Solo que no para lo que tú querías.

Te volviste previsible. Del todo. A qué hora vuelves, qué vas a contestar, qué cara vas a poner y cuánto vas a aguantar sin quejarte.

Con eso se duerme tranquilísima.

Y ahí está la clave: esa tranquilidad que le diste es exactamente el motivo por el que ya no te folla.

Antes de seguir, contéstame en voz alta, aunque estés solo en el coche.

¿Cuánto hace que no te busca ella para follar?

No la última vez que lo hicisteis. La última vez que arrancó ella, sin que tú hubieras hecho nada antes.

Ya lo sabes. No has tenido que pensarlo. Igual que yo me sabía los 11.

Ese número lleva años subiendo solo. No hay ningún motivo para que hoy empiece a bajar.


Yo no salí de esto en terapia ni escuchando podcasts.

Hace un año mi mujer me dijo, en la cocina y sin levantar la voz, que ella podría vivir sin sexo perfectamente. Que tener un marido tan activo le daba ansiedad. Y que no entendía por qué la había elegido a ella.

Lo dijo como quien avisa de un cambio de horario.

Yo asentí. Dije vale. Y terminé de fregar los cacharros, porque ya estaba de pie y porque no se me ocurrió otra cosa que hacer con las manos.

Esa semana dormí dos noches con el móvil encendido, preguntándole a una inteligencia artificial si tenía que romper mi familia. Escribía la pregunta, la borraba y la volvía a escribir con otras palabras, por si cambiaba la respuesta.

Al final hice lo único que se me ocurrió.

Me senté yo, en una silla del comedor. Ella se quedó de pie.

Conocer. Esa fue la palabra que me salió. La de verdad no tuve huevos de decirla.

Se lo dije dispuesto a que ella hiciera lo mismo. Sabiendo que si decía que sí se me rompía la familia, y que si decía que no se me rompía el matrimonio.

Me contestó que yo podía hablar con quien quisiera. Pero que el día que quisiera algo más, aunque fuera un beso, tenía que elegir: ella o las otras.

La elegí a ella. Sin pensarlo.

Porque no quería conocer a otras mujeres. No me despiertan ningún interés intelectual.

Lo que quería, en el fondo, es que alguien me deseara.

Ella me quería. Eso no ha estado en duda ni un día.

Y durante un tiempo, después de aquella conversación, todo cambió.

Empezó a buscarme ella. En la cocina, en el coche, una noche que ni me lo esperaba. Yo pensé que por fin lo habíamos arreglado.

No lo habíamos arreglado. Tenía miedo de perderme y sabía que tengo opciones, y ese miedo hizo el trabajo sucio.

A los pocos meses volvió a bajar la persiana, igual que antes. Y yo otra vez en el sofá, haciendo la cuenta.


Lo que funcionó de verdad no lo encontré yo. Me lo dijo ella, y tardé un año en entenderlo.

Una noche, en el sofá, me apartó la mano.

Me pidió que dejara de intentarlo. Que si lo intentaba, ella tenía que decirme que no, y decirme que no la hacía sentir mal.

Léelo otra vez, porque es la frase más importante de esta página.

Pedirle sexo a mi mujer se había convertido en un problema para ella.

Así que dejé de pedirlo.

No me fui a ningún sitio. Dormí en mi cama las dos noches. Gimnasio por la mañana, trabajo por la tarde, mis hijos por la noche.

Cuando pasé por detrás de ella en la cocina, no me arrimé, no le toqué el culo y no me quedé ahí parado a ver qué pasaba. Al salir de casa, un beso corto y a la calle.

Sin cara larga. Sin reproches. Sin explicaciones.

Ella no tenía ni idea de que yo estuviera haciendo algo.

No llegué ni al segundo día.

Esa misma noche era ella la que se arrimaba en la cama. Por la mañana ya me estaba tocando por debajo de las sábanas, como cuando temía perderme.

Unos días después, en ese mismo sofá, le dije que aquella noche no tenía ganas.

Se rió. «Ya, claro. ¿Ya no eres mi perrito?».

Para ella fue una broma. Yo escuché un diagnóstico.

Y me lo dio el único día en que ya había dejado de serlo.

El perrito guardián. El que recibe al repartidor de Amazon. El que da calor y compañía.

Y el que espera en el sofá a ver si esta noche cae algo.

¿Pero qué clase de mujer se acostaría con su perro?

Te cuento todo esto porque a partir de aquí ya no va de mí.

Lo tuyo no es falta de cariño. Ni de comunicación. Ni de un fin de semana los dos solos.

Tu mujer no ha perdido la líbido. Ha perdido el motivo.

El tuyo se enciende solo. Te levantas y ya está ahí, sin que haya pasado nada.

El suyo no funciona así. El suyo necesita que pase algo antes. Algo de fuera, que ella no controle y que no vea venir.

Y tú llevas años sin darle nada que no vea venir.

Por eso el primer movimiento es una retirada de 24 horas.

No es un enfado. No es un castigo. Y no es irte de casa: es dejar de estar disponible sin moverte del salón.

Se llama el Relevo porque le devuelves la parte del trabajo que llevas años haciendo tú solo.

Tú sueltas. Le toca mover a ella.

Y llevas tanto tiempo moviendo tú que has olvidado cómo se llama eso. Se llama mendigar. Y lo haces en tu propia casa, pagando la hipoteca.


Puedes desaparecer 24 horas esta noche y notar algo mañana. Va a pasar.

Y en 2 semanas estarás otra vez esperando en el sofá, ella se habrá vuelto a apagar y la segunda vez cuesta el doble, porque ya lo ha visto una vez.

Aquí no estamos hablando de echar un polvo el jueves.

Estamos hablando de que dejes de contar los días. De que sea ella la que se pregunte dónde estás. De que seas tú el que frena.

Eso no lo consigues siendo mejor marido. Llevas años intentándolo.

Son 3 movimientos, y van en este orden por un motivo.

Te presento:

El Protocolo del Relevo

Los 3 movimientos

Movimiento 1 · El relevo del mando. Lo que dejas de preguntarle a partir de hoy. Empieza en la cena de esta noche y dura 24 horas. Es el que más miedo da y el que da resultado antes.

Movimiento 2 · Las 3 chispas. Por qué una mujer que «nunca tiene ganas» las tiene de golpe un día concreto, en un sitio concreto y con un hombre concreto. No está rota. Le falta lo de fuera, y eso lo pones tú sin abrir la boca.

Movimiento 3 · El toque de 5 segundos. Cómo tocarla sin pedir permiso y sin quedarte esperando una señal. Y qué haces exactamente la primera vez que te frene. Porque te va a frenar, y ahí se decide todo.

Dentro también:

Lo ves en el móvil, en una tarde.

Ella no va a saber qué has hecho. Solo que ya no sabe por dónde le vas a salir.

No te fíes de mí

Es la primera vez que me lees. No te fíes de mí.

Fíate de estos tres, porque tu excusa está entre las suyas.

«Lo mío ya ni siquiera es el sexo. Es que no queda nada.»

MARC7 DÍAS

Marc no venía de una sequía. Venía de una casa donde todo lo que hacía estaba mal. Cómo cargaba el lavavajillas. Cómo hablaba a los niños. Cómo respiraba.

No discutió ni una vez. Solo dejó de pedir permiso. Organizó el cumpleaños de ella sin preguntarle qué quería. Dejó a los niños en casa de su madre sin consultarlo.

El jueves ella se echó a llorar y lo abrazó. Hacía años que no lo abrazaba.

El sábado él la besó, se separó cuando ella quería más y le dijo que fueran a tomar algo antes de cenar.

Ella contestó: o nos metemos en la ducha.

Lo primero que volvió no fue el sexo. Fue que dejara de corregirle.

«Lo mío es la rutina. 14 años son 14 años.»

JOSEP3 DÍAS

Josep llevaba 14 años con el guion aprendido. Ella agotada, él calculando, y los dos haciendo como que eso era lo normal a su edad.

Un domingo dejó de tocarla. Nada de arrimarse en la cocina, nada de piquitos al salir, nada de preguntar si esa noche le apetecía.

El martes ella le preguntó 3 veces qué le pasaba.

Él contestó: no quiero calentarme para nada.

Esa misma noche fue ella la que vino.

Josep lo repite cada vez que nota que la cosa se apaga. Todavía no le ha fallado.

«Lo mío es grave. Yo ya lo he intentado todo.»

ÁLEX2 SEMANAS

Álex llevaba 6 años a una vez cada mes y medio, y siempre porque lo pedía él. Llegó a pedirle el divorcio. Ella prometió cambiar y el cambio duró 2 semanas.

Dejó de hacerle cumplidos. Dejó de tocarla. Dejó de buscarla. Sin explicárselo ni una vez.

Pasó una semana y no ocurrió nada. Pasó otra y tampoco. Estuvo a punto de dejarlo.

Aquellas Navidades lo hicieron 3 veces en el mismo día.

Álex es el que más tardó de los tres. Tardó 2 semanas. Y te va a parecer que no funciona justo el día antes de que funcione.

Ninguno de los tres arregló nada hablando. Los tres dejaron de estar disponibles.

Y ninguno dejó de querer a su mujer para conseguirlo.

Cuánto cuesta

Antes de decírtelo, echa la cuenta de lo que llevas gastado en arreglar esto.

La escapada del aniversario con spa: 400 €. El domingo por la noche estaba cansada.

El collar de su cumpleaños: 200 €. Le encantó, y te dio un beso en la mejilla.

La cena del viernes: 90 €. En casa a las 23:00, dormida a las 23:10.

Ninguna de las tres falló por poco dinero.

Fallaron porque las tres decían lo mismo: mírame, por favor.

700 € para pedirle que te mire.

Esto no te va a costar 400. Ni 200. Ni los 90 de la cena.

El Protocolo del Relevo completo, los 3 movimientos, las 6 conductas que cortas esta misma noche y las 9 respuestas: 39 €.

Menos que la cena del viernes. Y esta vez no le vas a estar pidiendo nada.


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¿Estás listo para que sea ella la que te meta mano en el sofá?

¿Para que se arregle para cenar contigo un martes?

¿Para que te frene, y a los 10 minutos sea ella la que insiste?

¿Para no volver a contar los meses?

No cometas mi error. Yo perdí un año pidiendo permiso y esperando en el sofá, y acabé donde había empezado.

Pulsa el botón. En 2 minutos lo tienes en el móvil y esta noche, en la cena, ya haces el primer movimiento.

Aquí no arriesgas nada.

Lo pruebas 90 días. Si en 90 días no te ha buscado ella ni un solo día, me escribes un correo y te devuelvo los 39 € enteros. Sin explicaciones, sin formularios y aunque me escribas el último día.

Y te voy a decir algo que no dice nadie.

Esto es nuevo. No te puedo enseñar mi tasa de reembolso porque todavía no tengo una. El día que la tenga la publico, sea buena o sea mala.

Habrá tíos que pidan el dinero de vuelta sin haber abierto el primer movimiento. Se lo voy a devolver igual. No voy a fastidiar a los que sí lo hacen por culpa de los que no.

Si dentro de 3 meses ella sigue dándote la espalda en la cama, recuperas los 39 € y aquí no ha pasado nada.

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Y además, gratis: Las 9 respuestas

Lo que le contestas, palabra por palabra, cuando te pregunte qué te pasa.

Y te lo va a preguntar. Normalmente el segundo día.

Ahí es donde casi todos lo tiran por la ventana: se lo explican. Que han leído algo. Que están intentando cambiar. Que necesitan espacio.

En cuanto se lo explicas, se acabó. Porque ya vuelve a saber dónde estás.

9 situaciones, 9 respuestas. Cortas, aburridas y tranquilas. Ninguna es mentira.

Tienes 3 opciones

Opción 1. No hacer nada.

Cierras esto y esta noche repites la cena, el sofá, la serie y la cuenta.

Dentro de 3 meses estarás en el mismo sitio, 3 meses más viejo y sin habérselo contado a nadie. Ni en el bar, ni en el pádel, ni a tu mejor amigo.

También es una decisión. Es la única que puedes tomar sin darte cuenta de que la estás tomando.

Opción 2. Hacerlo tú solo.

Puedes. Yo lo hice. 3 años probando cosas en mi propia casa, leyendo en inglés y metido en foros a las 2 de la mañana que me dejaban lleno de rabia contra la mujer que dormía a un metro.

Aprendí mucho y perdí 3 años.

Opción 3. Que te lo den masticado.

Los 3 movimientos en orden. Lo que dejas de hacer esta misma noche. Lo que le contestas cuando te pregunte. Lo que haces la primera vez que te frene.

En el móvil, en una tarde, por 39 €.

Dentro de 3 meses vas a ser 3 meses más viejo. Eso no lo eliges.

Lo que eliges es si vas a seguir en el mismo sofá haciendo la cuenta, o si va a ser ella la que te busque.

Pulsa el botón y entra.

Hoy por solo 39 €

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Preguntas

¿Esto en qué se diferencia de la terapia de pareja?

A la terapia vais los dos. Aquí vas tú solo y ella no se entera. La terapia trabaja lo que os decís; esto trabaja lo que haces. Y en tu casa el problema no es que os habléis mal: es que ella sabe todo lo que vas a hacer antes de que lo hagas.

¿Y si se lo pregunto a ella directamente?

Ya lo has hecho. Y te ha contestado la verdad: que esté más tranquila, que la escuches más, que la ayudes más en casa.

Hazle caso y tendrás una mujer tranquila que se duerme a las 23:00. Ella no te está engañando: es que casi nadie sabe explicar lo que le pone. Ni ella, ni tú.

¿Esto es manipularla?

A ella no le haces nada. No hay nada que decirle, nada que pedirle y nada que ocultarle. Lo único que cambia eres tú.

Y si quieres hablar de manipular, hablemos de la cena de 90 € con la que esperabas algo a cambio esa noche.

¿Cuánto tardo en notar algo?

Casi siempre en las primeras 48 horas. A veces tarda hasta 2 semanas, sobre todo si acabáis de tener un niño o si lleváis muchos meses a cero.

Y te va a parecer que no funciona justo el día antes de que funcione.

Llevamos 8 años así. ¿Y si mi caso es peor?

Álex llevaba 6 y había pedido el divorcio.

Los años no son el problema. El problema es que en todos esos años tú has hecho siempre lo mismo.

¿Y si ella ya no siente nada por mí?

Entonces lo vas a saber en 2 semanas, después de 3 años sin saberlo. Y eso también vale 39 €.

Pero antes de creértelo: casi nunca se ha apagado ella sola.

¿Y si ve el cargo en la tarjeta?

En el extracto aparece WHOP*, el nombre de la plataforma de pago. No aparece «Dr. Hamor», ni «Protocolo del Relevo», ni nada que indique de qué se trata. Si lo ve, ve una palabra que no significa nada para ella.

¿Por qué es tan barato?

Porque quiero que ganes algo esta misma semana. Un tío que paga 39 € y el jueves tiene a su mujer buscándole, vuelve. Uno que paga 600 € y se raja a los 3 días, no.

Y porque de esto no habla nadie. Hay millones de hombres pagando la hipoteca de una casa donde no les toca nadie, y no lo dice ni uno.

¿No está esto suelto por internet?

No. Esto no lo he copiado de ningún sitio.

Salió de probar cosas en mi casa durante 3 años y de equivocarme casi siempre. Lo que funcionaba lo repetía. Lo que no, fuera.

Lo que tienes aquí es lo que quedó, y en el orden en que hay que hacerlo. El orden es lo único que importa: haz el movimiento 3 antes que el 1 y te sale peor que no hacer nada.

¿Cómo lo consigo?

Pulsas el botón, pagas y te llega el acceso al correo. En 2 minutos lo tienes en el móvil.

Nadie te va a llamar, no hay entrevista y no hay que esperar a que te acepten.

Hoy por solo 39 €

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